El escritor Alberto Ruy-Sánchez discute con gran lucidez las implicaciones para la literatura de concederle a Alfredo Bryce Echenique el Premio FIL:

“Es inútil a final de cuentas, aunque al principio muy engañoso, querer aparentar que esta serie de acomodos son una defensa de la literatura en contra de los juicios morales o penales o políticos que invadirían lo literario. Por una parte, el tema de quién es el autor de un texto es un asunto completamente literario. No es comparable a considerar el obscuro servicio militar de Gunter Grass o el juicio penal de extradición de Álvaro Mutis. Esos no eran asuntos literarios. Este sí. Tanto y de tal manera que el jurado tendría que haber enfrentado el caso y haber tomado una decisión sobre la autoría de esos textos. Si no tenía dudas sobre la autoría aceptarlos y defender el caso o rechazar el expediente si las dudas continuaban. Al no hacerlo, al lavarse las manos de tomar una decisión sobre este tema literario de un expediente que tenía en su mesa, el jurado actuó con ligereza e irresponsablemente desde un punto de vista literario.”   Juan Villoro, uno de los primeros críticos, propone una salida para las instituciones convocantes: acatar el fallo pero negarse a entregar el dinero del Premio.
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