Tenemos un problema complejo y difícil: la inseguridad y la violencia. Y hay una masa crítica de académicos en el país en su mayoría ajena al estudio sistemático y riguroso de los múltiples factores que inciden en esta triste realidad mexicana. Los estudios científicos sobre criminalidad apenas se inician en las universidades, pero éstas tienen un potencial de investigación valiosísimo. Se requiere que propuestas como las del CIES, que por primera vez acercan a la academia con las instituciones de seguridad, continúen en el nuevo gobierno, como un activo y no como una herencia del gobierno que termina. Se requiere también que proliferen las iniciativas de nuestros grandes centros académicos como la UNAM, el Poli, el ITESM, el CIDE y las universidades de las regiones más conflictivas. Por años se habló de “estudiar la realidad nacional”, pues ésta —con los 60 mil, 80 mil o 100 mil muertos— es la realidad que hay que estudiar y transformar”.