En su comentario a mi post “La responsabilidad intelectual y las elecciones” el Dr. Luis Mochán (Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM) se extraña de la ausencia de atención crítica por parte de científicos sociales a sus escritos y los de otros colegas suyos físicos que se han ocupado polémicamente de las elecciones en México. Creo que es de lamentar esa negligencia por parte de los politólogos. Es parte de una lamentable cultura pública del ninguneo. Se debe, también, al estado de autismo en el que se encuentran muchos de mis colegas. De la misma manera, encuentro la burla indefendible, así sea en un intercambio en Twitter. Ignoro, por otra parte, si el Dr. Mochán y sus colegas científicos me tomarían muy en serio si de pronto me pusiera a escribir sobre algún tema controversial de la teoría cuántica o se me antojara especular sobre los agujeros negros o el “bing bang”. Podría hacerlo, ciertamente, como un observador amateur de fenómenos que, debo reconocer, sólo comprendo de manera superficial. No esperaría un simposio alrededor de mis contribuciones. No tengo absolutamente nada en contra de las contribuciones interdisciplinarias; de hecho una buena parte de mi trabajo navega entre diferentes aguas, como la historia y la teoría política. Sin embargo, hay umbrales. Cuando las aportaciones provienen de regiones lejanas del conocimiento creo que hay un criterio que debería regir: la prudencia. Luis Mochán es ciertamente el más cauteloso entre los físicos metidos a analistas electorales. Otros de sus colegas, hay que decirlo con todas su letras, se han comportado como auténticos charlatanes. Me pide que si encuentro charlatanería en sus escritos la señale puntualmente. No encuentro charlatanería, pero sí  temeridad intelectual. Es decir, una falta de prudencia al escribir sobre temas que esencialmente desconoce. El diccionario de la Real Academia define “temerario” como “excesivamente imprudente, arrostrando peligros “. Ninguno de los físicos, e incluyo a Luis Mochán, ha pasado los filtros usuales de la ciencia, es decir la dictaminación por pares de su trabajo. Ninguno de sus trabajos ha sido publicado en ninguna revista especializada en ciencias sociales. Mochán es el único que ha publicado sus hallazgos (“Incertidumbres y Errores en las Elecciones de 2006” Ciencia 84, 38, 2006). Sin embargo, con lo meritorio que es Ciencia, lo cierto es que esa publicación de la UNAM no es una revista de investigación sino de divulgación (su objetivo es: “ampliar la cultura científica de la población”) y no está especializada en ciencias sociales. En ese artículo, además, que se ocupa de los errores de los conteos no advierto que haya revisado y discutido críticamente opiniones contrarias a la suya (en las ciencias sociales las cosas nunca pueden reducirse a datos “duros”). Por ejemplo, no están citados ni analizados los argumentos de mi colega Javier Aparicio, que por esas fechas (24 agosto 2006)  hizo público un análisis de las inconsistencias de las actas electorales: “Errores aritméticos en Actas: análisis comparativo para 2000, 2003 y 2006”. http://investigadores.cide.edu/aparicio/elecciones/comparativo.pdf

Ahora, puntualmente, encuentro temeridad censurable en la siguientes afirmaciones: en la p. 7 de “Incertidumbre” afirma: “La ausencia de una explicación de estas anomalías y la enorme campaña de propaganda pretendiendo inducir la noción de un proceso perfecto no puede más que generar una actitud de desconfianza sobre las otras etapas del proceso electorales”. En mi opinión es poco serio afirmar que el IFE y expertos como Javier Aparicio no explicaron las supuestas anomalías del PREP. Creo también que en esa aseveración lo que justifica la desconfianza es mera especulación. Mochán señala que “cuando en Ciencia tenemos dudas sobre un resultado, lo que procede es repetir la medición, repetir el cálculo” (Elecciones presidenciales, México 2006 ¿Anomalías en el PREP y el CD? CCF-UNAM, Cuernavaca, julio 2-octubre 24, 2006). Sin embargo, por lo menos en las ciencias sociales lo que se debe hacer es revisar los supuestos. Esto es algo que los físicos raramente han hecho. La otra regla de oro es reconocer las limitaciones al analizar fenómenos que no conocemos bien. Los fenómenos sociales rara vez se comportan como los de la naturaleza.  Me parecen pocos serios, de la misma manera, los juicios socarrones a la actuación del TEPJFE. Con lo criticable que pueda haber sido su fallo (y fue criticado desde diversas posturas, muchas de ellas válidas), me parece frívola la siguiente aseveración: “La jurisprudencia recién establecida enseña que, como nadie podría demostrar jamás que perderías de jugar limpio, a partir de ahora todas las trampas valen. Si no las haces, dudaremos de tu salud mental y merecerás perder. Si las haces, quizás te regañen cuando te descubran… y luego te declararán presidente electo” (“Comentarios sobre la Calificación de la Elección”  p. 82, en Elecciones presidenciales .

Finalmente, creo que hay una responsabilidad (o irresponsabilidad) de los científicos en alimentar con bases poco sólidas teorías delirantes de la conspiración como las que propone en su libro Héctor Díaz-Polanco. Esa no es una contribución a construir una discusión objetiva y seria sobre las limitaciones de nuestro sistema electoral y sobre la poca calidad de nuestra democracia en general. Estas enloquecidas teorías minan el piso común, el de la realidad, que requerimos para debatir con provecho. Así que creo que su contribución, sin rayar en la charlatanería, sí ha sido desafortunada para nuestra discusión pública.